Discurso de Robert Vallverdú Martí en el Día de la Dinastía Legítima 2018

Robert Vallverdú Martí, profesor de la Universitat Rovira i Virgili y autor de diversos estudios sobre la historia del carlismo catalán.

Señor Don Carlos Javier, altezas reales, señoras y caballeros, carlistas y amigos, en nombre de mis compañeros y en el mío les damos las gracias por la distinción recibida. De forma breve quiero resaltar la importancia de la Familia Borbón Parma en la modernización del carlismo.

Desde el 2 de octubre de 1833, fecha del nacimiento de las primeras partidas carlistas en Talavera de la Reina hasta hoy han pasado casi 200 años, y ésto proclama al carlismo como el movimiento político más antiguo de España. Pero el carlismo al llegar el siglo XX no había evolucionado.

Durante el franquismo continuó unido al viejo cuatrilema (Dios, Patria, Rey y Fueros) del siglo anterior. Su incapacidad para adaptarse a una sociedad que progresaba hacia formas más modernas lo condenaba a desaparecer, porqué intentar retroceder la historia es una tarea imposible.

La vivencia religiosa y monoteísta de la realidad, el rechazo a la Modernidad y la estrecha comunicación personal entre el rey y el pueblo, convertían el carlismo más en una vinculación familiar que en una comunidad ideológica, lo que provocaba que cayese en contradicciones.

Cuando el carlismo cayó en manos de la Familia Borbón Parma, personas inteligentes y formadas en universidades europeas y norteamericanas, se dieron cuenta que el carlismo no podía seguir anclado en el pasado y creyeron que era necesario una transformación más acorde a los tiempos contemporáneos.

Sin renunciar a los viejos postulados del siglo XIX, transformaron, actualizaron y adecuaron la política, la economía, la sociedad y sobre todo el viejo cuatrilema a las nuevas ideologías. Así la visión de Dios (concepto muy evolucionado en el nuevo carlismo) quedó en una posición más marginal, a pesar que aceptaban la filosofía carlista inspirada en una concepción cristiana de la vida. Rechazaron la confesionalidad del Estado y de cualquier partido político, como también el ateísmo estatal impuesto, y afirmaron el profundo respeto a los valores espirituales. El hombre en materia religiosa es libre y puede escoger la religión que quiera. Nadie seria ensalzado o menospreciado por no ser católico.

La Patria que propugna Carlos Hugo la forman las comunidades humanas que conservan los valores de la historia, no falseados ni mutilados, que se proyectan en libertad y igualdad hacia un futuro de justicia para todos los hombres y mujeres que la integran. La federación de los pueblos potenciaría en la libertad las comunidades autóctonas del Estado español y uniría los esfuerzos de todos en un trabajo comunitario y humano.

La concepción que tienen los carlistas del Estado es el que surge del pacto federal entre los diversos pueblos. Para Carlos Hugo las libertades no van de arriba abajo, sino de abajo arriba. Empiezan con la persona humana, el único ser libre de la Creación, pasan a la familia, al pueblo, a la comarca y a la región que llama federación. Cada una de estas federaciones elaborará de acuerdo con los valores de la historia, no falseada ni mutilada, su propia organización y todas juntas establecerán la Confederación Ibérica y la nueva Constitución.

La dificultad de encajar el Rey en un socialismo autogestionario la solucionó dando al monarca la tarea de arbitraje y equilibrio. El monarca no tenía que ser más que un instrumento de defensa entre las federaciones que configurasen el Estado. Evitaría así que una federación grande pudiera avanzar más que otra de menos extensión.

En síntesis, el programa de Carlos Hugo perfectamente elaborado y estructurado, quizás un poco utópico, quizás irreal, hubiese tenido sus opciones en una sociedad preparada y acostumbrada a ejercer los derechos de ciudadanía, pero resultó finalmente inadecuado a las condiciones reales del pueblo español, muy despolitizado y temeroso después de 40 años de dictadura. En cierta forma se demostraba una vez más el dramático divorcio entre una clase dirigente y un pueblo que no tiene respecto ni confianza en una minoría intelectual que propone cambios en su beneficio.

La intencionalidad de la Familia Borbón Parma no era otra que la de intentar reparar una laguna del pasado carlista y ha sido útil para un mejor conocimiento de esta opción política en una de las etapas más apasionantes de nuestra historiografía contemporánea en su recuperación nacional.

Muchas gracias.

Autor: espaciocarlista

Espacio de encuentro para el Pueblo Carlista

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